Apenas uno ingresa a la Sede Social y se dirige hacia la escalera que lo deposita en el primer piso, ya percibe ese aroma a nuevo. El blanco que reluce en las paredes, digno de una publicidad de ropa, es el primer indicio de que se está produciendo un cambio. Enseguida, dos globos gigantes incrustados en la pared, uno frente a otro, se roban las miradas y a más de uno le genera esa sensación de querer llevárselo a la habitación de su casa. Cómo no sorprenderse ante estas modificaciones si fue la Sede, justamente, el lugar más castigado y menos tenido en cuenta en los últimos mandatos.

Ahí nomás asoma una puerta de madera que invita a ingresar al área administrativa. El que visitó este sector anteriormente no puede evitar la inmediata comparación con lo que era. Parece otro, nada tiene que ver con lo que era en el pasado. Digno de un club de Primera, los empleados hoy trabajan con un gran confort. Muebles hechos a nuevo, un sillón de gran tamaño que ofrece comodidad tanto para el personal como así también para quien se acerque a realizar algún tipo de trámite, fotografías y gigantografías alusivas al Centenario, un televisor LCD y máquinas de última tecnología son algunas de las cosas que se adquirieron o realizaron en los últimos meses.

¿Hay más? Sí, hay más. Se construyeron seis nuevas oficinas, se colocaron techos de durlock con luminarias, se reinstaló por completo la infraestructura eléctrica y también la plastificación de los pisos.
En épocas donde la plata no sobra, la Dirigencia de Huracán sigue demostrando que las cosas no sólo se enfocan en un triunfo deportivo, sino que el crecimiento de un club se hace día a día.